lunes, 5 de mayo de 2014

Neil Gaiman despierta a su Morfeo



Eran cerca de las dos de la mañana en el abarrotado salón del Hilton Brighton Metropol, durante una de las últimas fiestas de la World Fantasy Convention, el principal evento internacional que reúne a escritores y editores del género fantástico. Alguien gritó: “Neil, ¡tienes que subir a hablar!”. Y Neil Gaiman (Portchester, 1960), autor de la mítica novela gráfica Sandman— y alérgico a las entrevistas (como lo ha comprabado este periódico)—, subió. Sin micrófono, dijo: “Cuando digo que he vuelto a escribir Sandman, siempre me hacen la misma pregunta: ‘¿No te queda un duro?”.
Era noviembre de 2013 y Gaiman celebraba, entre amigos, su vuelta a uno de los cómic más significativos de la historia, cuando se cumplían 25 años de su creación. Uno de los pocos que entró en la lista de los más vendidos del New York Times (se pasó 61 semanas consecutivas en eltop ten). Uno de los responsables, junto al Watchmen de Alan Moore, de que la crítica se tomara el medio como un arte. Y un cuarto de siglo después, salto sin red para volver a la historia que lo catapultó a la fama y que ahora publica en España el primero de sus seis números Sandman: Obertura núm. 1 (ECC Ediciones). ¿La razón? En dos palabras: “Por placer”.
Y también porque quedaba algo que contar. Enero de 1989, primer número, El sueño de los justos, página nueve. Una figura envuelta en una túnica, con el rostro escondido tras una máscara de gas con una nariz hecha de vértebras que emerge dentro de un pentagrama. Sueño, uno de los Eternos, siete hermanos que encarnan las reglas que ligan al universo y quienes lo pueblan: Muerte, Destrucción, Deseo, Desespero, Delirio, Destino. Sueño, que afrontaría una cautividad de 17 años durante el primer arco argumental de una epopeya que se expandió durante 75 números y ocho años. “Pero, ¿qué le pasó a Sueño antes de ser atrapado?”, se preguntó retóricamente Gaiman en Brighton. “Me di cuenta de que ahí había algo que contar y, más importante aún, que quería contarlo”.


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