martes, 1 de julio de 2014

Ester Madroñero, la librera que libera



Cuando pones un pie en Kirikú y la bruja y miras hacia arriba con el rabillo del ojo, atisbas un techo cubierto de hierba, margaritas y cerdos, y piensas que ese lugar debe andar cabeza abajo. Luego descubres que no, que es el exterior de esta librería lo que marcha del revés. Así que, más tranquila, puedes sentarte en un trono de mimbre, como una reina, junto a quien hace posible este mundo: Ester Madroñero, conversadora nata y la librera en activo especializada en infantil más veterana de Madrid.
Ester abrió Kirikú y la Bruja en septiembre de 2003, tras una nada convencional trayectoria profesional. Nacida en Madrid en 1960, en los 80 era una terapeuta ocupacional que trabajaba en accidentes laborales y disfrutaba garabateando los márgenes de los cuadernos. En 1985 decidió apuntarse a un curso de ilustración en sus ratos libres hasta que una injusticia laboral y el empujoncito de su profesor le animaron a reinventarse como ilustradora, cuando la profesión no era tan respetada y los editores daban tan poco valor a los entonces denominados dibujantes que ni siquiera se tomaban la molestia de devolverles los originales.
El siguiente paso fue ser también autora de los textos que ilustraba hasta que, con un grupo de amigos, brotó el sueño común de crear un espacio multidisciplinar (entonces, toda una extravagancia) y, con el tiempo y convencida de que “el mundo se puede mover”, acabó tomando la decisión de montar una librería infantil en la capital. Una “cueva del tesoro de papel”, como ella llama a este espacio físico “que acoge, permite que pasen cosas, que se generen encuentros casuales”.
“Las librerías son el alma del librero”, confiesa Ester Madroñero.
Y, ¿cómo es la de Kirikú? “Somos la única librería infantil de fondo”; salvo escasas excepciones, funcionan sin filtro del librero. Vamos, que no le niegan a un niño un ejemplar cubierto de purpurina por mero afán purista. Y si le dicen a un renacuajo que leer mola, se lo demuestran, conscientes de la importancia vital de la infancia en la construcción del adulto lector. Ester, firme defensora de la diversidad, concibe el libro como libertad. 
Sintámonos libres, pues, juguemos un poco. ¿Qué otra cualidad es, a juicio de Ester, necesaria para completar el alma del librero? Ahí van 4 opciones:
1. Capacidad de escuchar, respetar y ponerse en el lugar del otro
2. Ser muy lector y soñador
3. Consciencia de tendero y buen gestor
4. Generador de enredos
Tal vez hayas adivinado que todas las respuestas son correctas. Pero nos quedamos con una de ellas, los enredos: solo con los que tienen en marcha aquí, tendríamos para varios posts.
Esta librería no está en un lugar de paso, sino que es un destino para las gentes del barrio, de la ciudad y del país entero. Desde el equipo de Kirikú y la Bruja se esfuerzan por generar tráfico, no dudan en ser provocadores ni en poner en valor su conocimiento. Desde que abrieron, “todos los sábados pasan cosas a las 12 de la mañana −y Ester aclara−: talleres que no se pueden encontrar en ningún lugar”.
También participan en ferias, cuidan mucho la relación física y virtual con otros profesionales del sector, y mantienen una simbiosis con la cercana biblioteca, en particular, y las instituciones, en general, aunque matizada por la crisis. Los recortes en inversiones públicas les han llevado a diversificarse: imparten formación, organizan sus talleres en otras librerías, coordinan el sello editorial Cubilete de Editorial Bruño, codirigen el ciclo de ponencias Festibook… Un etcétera que se alarga y trepa por las estanterías mientras Ester lo desgrana, lanzando destellos de su alma abierta, ruidosa, curiosa.

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