miércoles, 3 de septiembre de 2014

El auto-sabotaje de los diseñadores/ilustradores


1) LA COMPETENCIA DESLEAL
Cuando hablamos de competidores desleales, generalmente nos referimos a tarifas. Pero los auténticos desleales -y aquí acierta Fernando del Vecchioson nuestros colegas (incluso amigos) poco profesionales: esos que al negociar y presentarse informalmente (trato “a lo compadre”, apariencia desgarbada) dan a entender que un creativo no puede ser tomado en serio. Resulta paradójico que estos individuos sean los primeros en reclamar contra clientes“abusivos”, que “no respetan nuestra labor”, pasando por alto la medida en que ellos mismos colaboran para ser mal tratados o menospreciados, y hasta qué punto su falta de profesionalismo afecta a todo el gremio.
2) EL SÍNDROME DE ESTOCOLMO
Se denomina Síndrome de Estocolmo a la reacción psicológica de un rehén o víctima de violación que desarrolla cierto vínculo de complicidad con su captor. Por increíble que parezca, este cuadro aparece en forma sutil o declarada en nuestro medio. Se trata de colegas que defienden, se pliegan o por lo menos justifican las malas prácticas de empleadores, clientes y/o profesores. Argumentan que “si nos mostramos demasiado exigentes o complicados, nadie nos dará trabajo” o que “por culpa nuestra desaparecerá la industria creativa”; que el retraso de un pago pendiente, las horas extras no pagadas o firmar un anexo de contrato irregular “no es algo tan grave”, frases que no se sabe si emanan de una convicción sincera, del miedo, o de repetir como parlante lo que opinan sus jefes y círculo de amistades de otras disciplinas (ingenieros, publicistas, editores, etc.), a quienes buscan complacer por imitación. Estas personas tienden a desacreditar a sus colegas y responsabilizarlos por el trato que reciben del mercado. Sostienen que debemos “ser más comerciantes y menos artistas”, “ponernos en los zapatos del cliente”, ser “más flexibles” (lo que hasta cierto punto es razonable, pero depende de quién venga), y no toleran ser acusados de “colaboracionistas”, porque ello expone su ingenuidad o debilidad de carácter.


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