martes, 4 de noviembre de 2014

Adolfo Serra y “La voz del árbol”: “Me recordó a la infancia, a los veranos eternos en el pueblo, en contacto con la naturaleza, cuando tienes la sensación de que todo es posible”


Virginia vive en el campo con su familia, rodeada de animales y plantas. La convivencia con la perra Laika, la rana Renée, el hurón Hugo o el pájaro Grip es tan natural como con cualquiera de sus hermanos. Los animales parecen ser un miembro más de la familia.
Pero ese verano, Virginia descubre algo muy especial: una cabaña en un árbol en la que van apareciendo libros de forma misteriosa. ¿Quién los deja ahí? ¿Por qué? Adolfo Serra ilustra “La voz del árbol”, una historia de Vicente Muñoz Puelles, XI Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil. Con Adolfo hemos charlado y nos muestra su proceso de creación en este proyecto.
¿Cómo nace este proyecto? “

A partir de una llamada de un lunes a primera hora. La editorial Anaya acababa de fallar el XI Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil y pensaron en mí para ilustrar este relato”.
¿Qué te parece la historia de Vicente?

 “Es una historia pausada, que supone un paso de la infancia a la edad adulta. Los libros y la literatura son un protagonista más, y en cierta medida la lectura es lo que hace crecer a los personajes. Me recordó a la infancia, a los veranos eternos en el pueblo, en contacto con la naturaleza, cuando tienes la sensación de que todo es posible”.
¿Y el hecho del premio Anaya? ¿Qué supone? “Creo que al ser un premio y al haber un jurado que lo selecciona implica calidad en el texto. Por otro lado es la apuesta de la editorial por un título durante un año. Esto se traduce en que el libro se va a mover más y que de alguna forma va a tener una vida un poco más larga. Y en mi caso, como ilustrador, creo que supone una mayor visibilidad de mis ilustraciones o que lleguen a más sitios, colegios, bibliotecas, etc.”
¿Qué hay de nuevo en estas ilustraciones respecto a otros proyectos? “

Cuando me enfrento a un texto siempre busco el lenguaje o estilo que, en mi opinión, mejor funciona para la historia. En este caso me parecía muy importante jugar con la parte imaginada, la ensoñación. Busqué colores para plasmar el recuerdo de la infancia desde el punto de vista de un personaje adulto. Por eso el juego con los colores y las metáforas”.



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