jueves, 7 de mayo de 2015

Los mejores libros ¿para quién?

Tras una breve conversación con David Pintor sobre el mundo editorial de LIJ y toparme con esta noticia que se hace eco de una nueva selección de libros paraniños imprescindibles, me han venido a la cabeza ciertos pensamientos que creo que debo compartir con ustedes a modo de copa de helado (ayer me zampé una bien grande… ¡ha empezado la temporada por estas latitudes!).

Esa afición que el ser humano tiene por los cajones, las listas, los catálogos, las colecciones y los archivadores, se hace patente en todas las facetas de nuestra vida y, ¿cómo no?, también en las de nuestra cultura. Es por ello que muchos estudiosos, críticos y enteraos se sirven de los cánones (esas varas de medir y obras referenciales) para medir el Arte en su justa medida… Pero claro está, ahí estamos los que pensamos en otra dirección: ¿quién eres tú para decidir qué he de leer yo?

Cuando leí El canon occidental de Harold Bloom constaté una vez más que, si los griegos partían el bacalao en eso de la cultura clásica, son los anglohablantes los que mangonean el cotarro de la literatura contemporánea (N.B.: No se tiren de los pelos y déjenme hablar, coño…). De entre todas las obras cumbres de la literatura universal que cita este hombre de mérito, la mayor parte están escritos en inglés y sólo uno (nuestro “Quijote”) en castellano, lo que se traduce en un sesgo la mar de importante (¿estos de letras nunca tienen en cuenta el análisis estadístico, el error absoluto y el relativo, o qué?) que creo que se debe a varias razones:

-   - La literatura, al tratarse de una cuestión lingüística (sí, sí…, también está influenciada por otras cuestiones, no se me olvida), se suele adscribir a un territorio concreto que determina cuestiones importantes que la moldean y la aproximan a estos lectores. Es decir, ¿habrá muchos ingleses que entiendan El camino de Delibes o el Fray Perico de Juan Muñoz? Tampoco es lo mismo la literatura argentina que la mexicana, ni tendrá la misma aceptación un libro ruso publicado en España (más diferencias que similitudes), que uno escrito en Irlanda pero publicado en Inglaterra (más similitudes que diferencias).




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