Las esculturas más icónicas de Zaragoza tienen nombre propio: el artista que esculpió los leones del puente de Piedra o el caballito junto a la Lonja
Forman parte del paisaje urbano de Zaragoza y algunas de ellas se han convertido con el paso del tiempo en auténticos emblemas de la ciudad. Sin embargo, muchos zaragozanos desconocen que las esculturas más icónicas de la capital aragonesa llevan la firma de la misma persona. Francisco Rallo Lahoz (Alcañiz, 1924 - Zaragoza, 2007) contribuyó con su talento a embellecer la ciudad, donde desarrolló casi toda su obra. El Museo Pablo Gargallo acogió en 2024 una retrospectiva con motivo del centenario del escultor alcañizano y en ella ya se puso en valor su prolífica trayectoria.
Los leones del puente de Piedra, el globo terráqueo de la Fuente de la Hispanidad, el caballito de bronce junto a La Lonja, las cuatro musas que coronan el Teatro Principal o las fuentes en bronce de niños con carpas en la plaza del Pilar tienen el nombre propio de Rallo Lahoz. Su trabajo, no obstante, fue mucho más allá e incluso cedió su talento para ampliar la Comparsa de Gigantes de Zaragoza: en 1999 realizó los Reyes, el Chino y la Negra, Don Quijote y Dulcinea o los Duques de Villahermosa.
Sus primeras esculturas infantiles, a navaja, fueron de tanques y cañones. Después comenzó a trabajar en talleres de mármoles sobre adornos funerarios y desde los 14 a los 21 trabajó en el taller de otro de los grandes escultores aragoneses: Félix Burriel. Incluso posó como modelo para él (Rallo Lahoz aparece en uno de los relieves de la CHE como se puede ver en una de las imágenes que acompañan este texto). En 1949 abrió su propio taller y consiguió vivir de la escultura toda su vida, "una heroicidad" como reconoció su hijo Paco Rallo en la inauguración de la citada exposición.
Algunas de sus obras más emblemáticas datan de la década de los años 90. Los cuatro leones del puente de Piedra, por ejemplo, los realizó entre 1989 y 1990, un proyecto asociado a la reforma integral del puente acometida por el arquitecto José Manuel Pérez Latorre. En la fotografía en blanco y negro que acompaña este texto, Rallo Lahoz (con las manos en la escayola) aparece en 1990 junto a su hijo Paco Rallo Gómez y Fernando Cortés.
El escultor zaragozano realizó primero la figura en arcilla tomando muchos apuntes del natural en el zoológico de Valencia, pero las esculturas (de piedra y hormigón) se fundieron posteriormente en bronce (cada una pesa unos 2.000 kilos). Cuando en 1989 se sacó a concurso la reforma del puente, se apostó por recuperar los cuatro leones que lo adornaron desde mediados del siglo XVII y hasta 1917, año en que fueron retirados para ensanchar la calzada.
Otra de sus esculturas más icónicas es el caballito de bronce junto a la Lonja, una obra que se ha colado en el álbum familiar de miles de niños zaragozanos. Precisamente, fue concebida como un homenaje de la ciudad al fotógrafo Ángel Cordero Gracia, que entre 1925 y 1978 utilizaba un caballo de cartón piedra similar para retratar a los niños de la época. La escultura fue inaugurada en noviembre de 1991.
Los leones del puente de Piedra, el globo terráqueo de la Fuente de la Hispanidad, el caballito de bronce junto a La Lonja, las cuatro musas que coronan el Teatro Principal o las fuentes en bronce de niños con carpas en la plaza del Pilar tienen el nombre propio de Rallo Lahoz. Su trabajo, no obstante, fue mucho más allá e incluso cedió su talento para ampliar la Comparsa de Gigantes de Zaragoza: en 1999 realizó los Reyes, el Chino y la Negra, Don Quijote y Dulcinea o los Duques de Villahermosa.
Sus primeras esculturas infantiles, a navaja, fueron de tanques y cañones. Después comenzó a trabajar en talleres de mármoles sobre adornos funerarios y desde los 14 a los 21 trabajó en el taller de otro de los grandes escultores aragoneses: Félix Burriel. Incluso posó como modelo para él (Rallo Lahoz aparece en uno de los relieves de la CHE como se puede ver en una de las imágenes que acompañan este texto). En 1949 abrió su propio taller y consiguió vivir de la escultura toda su vida, "una heroicidad" como reconoció su hijo Paco Rallo en la inauguración de la citada exposición.
Algunas de sus obras más emblemáticas datan de la década de los años 90. Los cuatro leones del puente de Piedra, por ejemplo, los realizó entre 1989 y 1990, un proyecto asociado a la reforma integral del puente acometida por el arquitecto José Manuel Pérez Latorre. En la fotografía en blanco y negro que acompaña este texto, Rallo Lahoz (con las manos en la escayola) aparece en 1990 junto a su hijo Paco Rallo Gómez y Fernando Cortés.
El escultor zaragozano realizó primero la figura en arcilla tomando muchos apuntes del natural en el zoológico de Valencia, pero las esculturas (de piedra y hormigón) se fundieron posteriormente en bronce (cada una pesa unos 2.000 kilos). Cuando en 1989 se sacó a concurso la reforma del puente, se apostó por recuperar los cuatro leones que lo adornaron desde mediados del siglo XVII y hasta 1917, año en que fueron retirados para ensanchar la calzada.
Otra de sus esculturas más icónicas es el caballito de bronce junto a la Lonja, una obra que se ha colado en el álbum familiar de miles de niños zaragozanos. Precisamente, fue concebida como un homenaje de la ciudad al fotógrafo Ángel Cordero Gracia, que entre 1925 y 1978 utilizaba un caballo de cartón piedra similar para retratar a los niños de la época. La escultura fue inaugurada en noviembre de 1991.

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