martes, 3 de junio de 2014

Así nace y se hace un libro



Los pensamientos y las palabras de los dos escritores se encontraron, sin saberlo, casi a la misma hora en dos días distintos y en dos ciudades diferentes.
A 504 kilómetros uno de otro salió a relucir el nombre de una de las personas para quien la Feria del Libro de Madrid representaba algunos de sus días más felices. Ese nombre surgió poco antes de las dos de la tarde, primero en Madrid y 48 horas después en Barcelona. Dos de los pilares del mundo del libro en español y que los escritores Soledad Puértolas y Eduardo Mendoza recorrieron y descubrieron, cada uno en su respectiva urbe, hasta armar el puzle de la cadena de valor del libro: una industria con 81.000 títulos al año, unos tres mil millones de euros anuales de facturación y que representa la pata más sólida del sector cultural español al aportar más del 1% del PIB. Incluso, en el séptimo año de crisis económica y reconversión del modelo de negocio.
En jornadas complementarias, hace dos semanas, Puértolas, un miércoles gris y fresco en Madrid, y Mendoza, un viernes azul y veraniego en Barcelona, se asomaron a ese territorio desconocido. Aceptaron la invitación de EL PAÍS de mostrar a los lectores esos espacios literarios, editoriales y comerciales que la gente no conoce y que están detrás del libro que leen: desde el lugar donde escriben los autores hasta los sitios de tertulias, pasando por la editorial y la imprenta. Y como corolario, una sorpresa para ellos dos: más allá del encuentro en esta crónica, descubrirán aquí la manera en que el destino los une en la cita madrileña.

El escritor

Dos días distintos fundidos en un solo tiempo que empieza con un miniflorero con geranios rojos. Está al borde del escritorio de madera con libros y papeles donde escribe Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947). Está frente al ordenador, escoltada por una pared tapizada de literatura con baldas cercadas por fotos y toda clase de recuerdos. Es un despacho alargado que empieza a su izquierda en un salón tocado por la claridad del lucernario y la ventana que da al antejardín. Es su rincón de lectura, con un sillón rodeado de libros y ocho macetas entre las que destacan dos alegres culantrillos.


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