viernes, 19 de diciembre de 2014

El salón de las sonrisas


¿Hay algo más importante que las cifras? Sí, las sonrisas. La satisfacción que reflejaban los rostros de asistentes, expositores y organizadores en los últimos minutos del XIII Salón del Cómic de Zaragoza lo decía todo. Si la edición anterior fue buena, esta es difícilmente mejorable. A la sensación general se suman las cifras contantes y sonantes: durante los tres días de la cita, la Sala Multiusos del Auditorio de Zaragoza ha recibido 20.000 visitas, con un total de 11.000 entradas vendidas. En 2013, se cerró con 17.000 visitas y 9.000 entradas vendidas; hay que tener en cuenta que los menores de 12 años entran gratis. No hace tanto tiempo que se temió por este salón; y ahora año tras año bate sus propias marcas. Por si fuera poco, y aunque es lo de menos en una cita que se precia de anteponer la participación a cualquier otra cosa, las ventas de los expositores han sido muy positivas.


Una vez más, la irreductible organización, desde el Área de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Zaragoza, se ha dejado la piel para que todo haya funcionado como la seda. Con la ayuda de los colectivos y asociaciones de cómic de la ciudad, han dado forma a un programa realmente pulido. Más de 70 autores han estado presentes en el Salón, incluidos, por primera vez, dos nombres internacionales, Gilbert Sheton y Herr Seele. A autores nacionales como David Rubín o Javi de Castro ya se les considera “de casa”, a los que viene por primera vez a buen seguro les quedan ganas de volver, y a los de la tierra se les da un apoyo incondicional. El público ha respondido como nunca, y algún dibujante ha acabado con la muñeca dolorida de tanto firmar.

Los editores y fanzineros aragoneses también han contribuido al éxito. El salón es la prueba de fuego para cualquier lanzamiento, y este año los tebeos aragoneses han sabido conectar con su público hasta límites insospechados. En este salón se ha agotado ‘El último aragonés vivo’, de GP Ediciones, y ‘Estoy hecho un cocinicas’, de Malavida, y no hablamos de títulos de tirada corta. Novedades fanzineras, como el nuevo y último número de Thermozero han funcionado realmente bien.

El creciente interés en las presentaciones y charlas, que además en algunos casos en esta edición se han contraprogramado, demuestra que el Salón poco a poco ha contribuido a crear verdadera afición entre un público que siempre ha sido eminentemente familiar e intergeneracional. Vienen familias enteras, sí, pero no a echar la mañana o la tarde como podrían hacer en otra feria, sino a disfrutar del cómic. Y el salón, con iniciativas con la de llevar el cómic al Hospital Infantil, crece en calidad humana e implicación con la ciudad.

Se han mejorado muchos aspectos, como por ejemplo la presencia de grandes editoriales en la Sala Multiusos. “¿Os vemos el año que viene por aquí?”. “Seguro”, decían. La variedad de los expositores también ha aumentado, dando lugar a un salón mucho más interesante en ese sentido. La gran cantidad de autores presentes cabe hacer reflexionar sobre si el modelo de charlas-presentaciones sigue siendo el más adecuado, si bien en esta edición han funcionado como nunca en cuanto a asistencia de lectores.

Se ha repetido el problema de la anterior edición, cuando la gran afluencia de público obligó el sábado a cerrar temporalmente las puertas. Como llevo a portada El Periódico de Aragón el domingo, ‘el cómic desata la locura en Zaragoza‘. ¿Hay solución para esto que, por otra parte, es un indicador de éxito? Cambiar de recinto es algo que ni siquiera pasa por la imaginación de los aficionados y colectivos colaboradores, así que solo cabe ampliar espacio de algún modo, o crear una cita específica para el manga, que congrega a muchísimos jóvenes. No hay una opción sencilla, y la decisión deberá ser fruto del diálogo entre todas las partes interesadas.

Es fácil mejorar cuando se trata de un salón público, que cuenta con la opinión de todos los implicados. El salto de calidad de los últimos años no hace sino demostrar que este modelo es un rotundo éxito. “Vine el año pasado y he vuelto porque me lo paso bien”, dijo un autor invitado durante este fin de semana. El triunfo del Salón del Cómic de Zaragoza es ser una cita a la que todo el mundo quiere volver.



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