lunes, 27 de abril de 2015

LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL. TEXTO E IMÁGENES: LA ARTICULACIÓN DE UN DISCURSO

A veces la ilustración aparece como un elemento que, de primera vista, permite diferenciar una obra para niños de una para adultos. En Occidente el referente es casi obligado: si tiene dibujos, probablemente sea para niños (a excepción de los cómics y los libros de arte). Es cierto que la literatura infantil se ha nutrido del lenguaje gráfico como un elemento para completar y articular su discurso. Por un lado, estos libros utilizan la ilustración como un adorno o acompañamiento al texto, una repetición de lo dicho desde el mensaje escrito. Por otro lado, está el libro álbum, definido por Barbara Bader como:

«[…] texto, ilustraciones, diseño total; es obra de manufactura y producto comercial; documento social, cultural, histórico y, antes que nada, es una experiencia para los niños. Como manifestación artística, se equilibra en el punto de interdependencia entre las imágenes y las palabras, en el despliegue simultáneo de dos páginas encontradas y en el drama de dar la vuelta a la página.».[1]

Esta definición contempla la existencia de tres elementos primordiales en la construcción de un álbum: diseño, ilustración y texto. La interacción entre éstos construye una narración completa, juntos articulan un discurso, por separado parecen incompletos. Sirve aislar los elementos, mirarlos individualmente para notar que el texto es incomprensible sin las imágenes y viceversa. En el caso del diseño, éste es el elemento que crea tensión dramática cuando los otros dos se unen; es una suerte de tercer narrador que marca el ritmo de los sucesos. El acercamiento a estas obras supone varios niveles de lectura y la comprensión de dos lenguajes básicos: una doble traducción.[2] Hay que mirar cada una de sus partes, claro, pero entendiendo que funcionan como un todo.


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