lunes, 28 de septiembre de 2015

No hay modo de escribir satisfactoriamente para niños sin jugar a ser filósofo: Juan Villoro

La literatura infantil es la ilusión de los subordinados, surgida de la esclavitud, conquista de un reino soberano donde los prodigios son lógicos y nada es tan útil como el deseo, aseguró el escritor Juan Villoro como parte de la clausura del 17 Seminario Internacional de Fomento a la Lectura.

En el marco de la 34 Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ) en el Cenart, el escritor impartió la conferencia magistral La utilidad del deseo, en la cual abordó la forma como la literatura infantil ha sido el género de los seres subordinados, de ahí que busque la libertad.

“La literatura infantil ha cambiado la representación del mundo, de la cultura, de la investigación, tiene una repercusión mucho mayor de la que solemos atribuirle”, dijo el autor de El libro salvaje.
Consideró que la gran literatura infantil transmite valores, por lo que es fundamental que la imaginación no se subordine o sea un mero instrumento para la enseñanza.

“Los cuentos más logrados rehuyen todo afán pedagógico, no escribimos para niños porque tengamos algo que enseñar, sino porque deseamos contarles algo, y estamos dispuestos a un desplazamiento psicológico que permita escribir como los que somos, con las motivaciones de los que fuimos”.

Juan Villoro explicó que narrarle a un niño significa regresar y no es extraño que algunos de los mejores exponentes del género hayan sido filólogos, es decir, historiadores de las palabras que buscan un regreso en el lenguaje.

“No hay literatura infantil sin los juegos de palabras, uno de los errores más socorridos por los malos practicantes del género consiste en empobrecer el lenguaje para ajustarse a un lector de vocabulario limitado y con el mismo afán simplificador consideran que si abundan los diminutivos la historia es tierna".

Para el ensayista mexicano, como toda rama del arte, la literatura infantil es una forma de la complejidad y si el niño es menospreciado como lector, el resultado será insulso, pues estamos ante una mente de alta exigencia, determinada por un amplio interés en la fabulación que admite el realismo extremo, lo sobrenatural y también determinado por un férreo sentido de la lógica.

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