viernes, 20 de septiembre de 2019

La relación profesional Ilustrador-Escritor. Ilustrando Dudas

Una duda muy recurrente que nos llega por ser una situación habitual que se le presenta a muchos ilustradores, es la de cómo gestionar diferentes tipos de colaboraciones con escritores.

Se dan muchísimos casos en los que, por pura ignorancia de una o ambas partes, se hacen las cosas mal y luego llegan los disgustos. Siempre hay una parte que se cree con derechos sobre el trabajo de la otra o en posesión de la verdad absoluta… y el desenlace suele ser bastante desagradable. La realidad es que solo existen tres tipos de relaciones profesionales entre un/a ilustrador y un/a escritor. Todo lo que está fuera de lo que vamos a describir se tiene que negociar con mucho cuidado para evitar malas prácticas y problemas en el futuro, porque son planteamiento complicados y generalmente poco justos para alguna de las partes.

Los problemas más habituales suelen ser siempre son los mismos.
Por ejemplo, una de las partes, generalmente un escritor, quiere contratar a un ilustrador para que le haga las imágenes para su proyecto de libro o álbum, ya sea para autoeditar o para presentar luego a una editorial. El error común de estos escritores es que no suelen tener ni idea de propiedad intelectual, ni de cómo funcionan luego las editoriales, ni contemplan en la propuesta que el ilustrador es tan autor como él o ella. Además, tampoco se dan cuenta de que el trabajo de los ilustradores tiene un precio únicamente rentable si se piensa reproducir, como en el caso de los libros que publican las editoriales porque si no, resulta extremadamente caro (no es que nuestro trabajo tenga un precio excesivo, es simplemente que la economía de ese escritor no le permite pagar lo que vale a título individual).

Por tanto, si un escritor aficionado escribe un cuento a su sobrinita y quiere que alguien lo ilustre, cuando se pone en contacto con el ilustrador de turno y le pide precio, se pega el susto de su vida y no entiende porqué el precio es el que es. ¡Precisamente por el esfuerzo y el trabajo que implica ilustrar un libro solo sale a cuenta hacerlo si luego el trabajo se rentabiliza comercializándolo de alguna manera! Por eso a los ilustradores no suele salirnos a cuenta hacer encargos de particulares privados que solo quieren darle un uso personal y no lucrativo a lo que nos piden. Que oye, si lo pueden y quieren pagar, pues fenomenal. Pero entendamos que no es nuestro problema que la gente nos pida presupuesto sin entender que el precio que le vamos a pasar va a ser alto, y ni se os ocurra por favor, bajar vuestros precios a cantidades ridículas porque coger un encargo así no es ni factible ni rentable para ti, lo mires por donde lo mires.

Por último recordad que porque alguien te pague por ilustrar su historia, no se convierte en el dueño y señor de tu trabajo, pudiendo hacer con él lo que quiera a partir de entonces. Tú eres el autor de tus imágenes y si te pagan por ellas es para unos usos específicos y ya está.

Si no tienes claro todo esto de los derechos de autor y la propiedad intelectual te recomiendo encarecidamente que leas el Nuevo Libro Blanco de la Ilustración Gráfico en España. Es tu obligación como ilustrador profesional en ciernes o incluso como aficionado (si te han hecho una propuesta de las que mencionamos) el saber todo esto.

Y ahora que sabéis cuáles son los problemas recurrentes y las razones habituales por las que hay malos rollos y malentendidos, vamos a ver cómo podemos hacer las cosas bien entendiendo los tipos de relaciones profesionales que se pueden plantear.



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